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diumenge, 21 de febrer de 2016

SUBIENDO LA INTENSIDAD

Hace cosa de un mes y medio aproximadamente, mi Amo decidió que había llegado el momento de subir la intensidad en los azotes. En esta ocasión, la importancia no era el número de azotes sino la intensidad de estos. En un primer momento, como cualquier novedad, me asuste un poco. Uff...Subir intensidad. En aquel momento no veía muy capaz, ser azotada me gusta, me vuelve loca sentir la mano de mi Amo dando color a cualquier parte del cuerpo que le pertenece. Me vuelve loca sentir el cinturón de mi Amo sobre el culo que le pertenece. Y con esta premisa me convencí de que yo podía con eso y más. Si con la intensidad actual ya llevábamos un buen nivel de entrega y excitación, me convencí de que con la subida de intensidad la excitación y entrega sería mucho mejor, mucho más intensa.
La tarea se realiza una vez por semana, exactamente los jueves, pero antes de llegar al gran día, hay los preliminares de los domingos, día del sorteo. Así es, a través de un sorteo descubrimos cual será la zona a azotar. El sorteo se realiza entre culo, coño, espalda y tetas. Así cada domingo, cojo los papeles, los mezclo y…elijo uno. Este proceso no es muy largo, pero el tiempo que dura mi corazón se acelera, el cuerpo empieza a reaccionar, las terminaciones nerviosas empiezan a activarse. Mezclo con las manos temblorosas de la emoción y agarro con fuerza el papelito. Lentamente y respirando profundamente lo abro, leo lo que pone y, sin poder evitarlo sonrió emocionada. Acto seguido, informo a mi Amo de la zona ganadora. Hay zonas que me hacen sonreír más que otras.  Me vuelvo loca cuando leo en el papelito culo, o tetas o espalda. Pero me pongo nerviosa si leo coño. Esta zona…bueno…esta zona hay mucho trabajo aún. Hasta me resulta difícil escribir sobre esta zona.

Una vez realizado el sorteo toca esperar. Pero solo cuatro días. ¿Solo? Que fácil escribir esta palabra, pero en realidad son solo cuatro días muy largos, que aunque pasan relativamente rápido, porque tengo la suerte de tener unas cuantos horas ocupadas, pero las que quedan libres me permito el lujo de pensar e imaginar. Ir planteándome como serán los próximos azotes que me dé. Me ilusión pensar en que azotare un poco más intenso que la última vez, pero sobretodo, mentalizarme que lo importante es la intensidad y no la cantidad. Finalmente llega el día, ya es jueves y estoy ansiosa para que llegue el momento de azotarme la zona ganadora. Este es uno de los mejores momentos del día. Desnudarme en mi habitación, ponerme frente la cámara, agarrar con fuerza el instrumento utilizado según la zona y ofrecerme con cuerpo y alma a mi Amo. 

Si la zona a azotar es la espalda, antes de empezar juego con la cola de gato, me gusta sentir el tacto de la piel que lo cubre en mi mano, deslizo los dedos, cierro los ojos, agarro con fuerza el mango, lo levanto y… ¡zas! Si la zona es el culo, es el turno de la pala de ping-pong. La levanto, la miro y doy unas cuantas vueltas frente a mí. Cierro fuerte la mano y… ¡zas! Este primer azote, por regla general va acompañado de un pequeño grito. No lo negare, la pala duele más que la cola de gatos, aunque este no se queda corto. Si la zona ganadora son los pechos, entran en juego dos instrumentos: la pala y la pequeña fusta. Y esta zona, es una de las que más me cuesta empezar. Con el culo y la espalda no dudo, con las tetas…tengo que respirar profundamente tres o cuatro veces para que la fusta azote intensamente. Y finalmente el coño. Esta zona siempre utilizo la fusta pequeña. Esta zona siempre es difícil empezar, esta zona necesita muchas más respiraciones, cerrar con fuerza los ojos y no frenar el movimiento del brazo cuando se dirige hacia el coño, pero…me resulta difícil pero no imposible. Así que una vez me he relajado… ¡zas! Cae el primer azote.
Con el tiempo las diferentes zonas han ido evolucionando, el cuerpo ha ido interiorizando las sensaciones y la última semana (jueves 18) fue la espalda la que fue azotada. En esta ocasión el dolor se convirtió en placer. Después de un mes y medio, el cuerpo reaccionaba a la intensidad, el cuerpo se excitaba y no solo le entregaba dolor a mi Amo, sino que el último jueves le entregue dolor convertido en placer. Al final de la sesión, no puede evitar llorar, no lloraba de dolor, lloraba de felicidad, de satisfacción y sobretodo de orgullo. Sí, me sentía orgullosa de mi misma. Una vez más lograba dar un paso más hacia mi sumisión y entrega. Una vez más, después de un largo periodo de entrega, entrenamiento e interiorización de sensaciones, daba un paso más y crecía como sumisa.
En las próximas semanas, aún no he realizado el sorteo, no sé cuál será la zona a azotar. Pero en las próximas semanas tocara descubrir cómo reaccionan y si al igual que la espalda, el culo y las tetas ya reaccionan favorablemente a la intensidad de los azotes. Pero aún queda mucho trabajo con el coño, y con él tenemos un plan de trabajo para mejorar.

Ahora mientras estoy sentada frente al ordenador, no puedo dejar de sonreír, esperando nerviosa saber cuál será la zona, para descubrir cómo debo de proceder y sobretodo descubrir si el cuerpo reacciona a la intensidad, convirtiendo así el dolor en placer. No sé qué pasara, pero estoy feliz y orgullosa para descubrir cómo evoluciona esta tarea. Aunque no dudo que evolucionara positivamente y sí es necesario alargar el proceso, pues que así sea, pero no seré yo la que frene la evolución que estoy viviendo. No seré yo la que frene las nuevas sensaciones que está viviendo el cuerpo que le pertenece a mi Amo. Porque evidentemente esta decisión no depende de mí, sino de mi Amo. Pero si dependiera de mí, no frenaría la tarea, porque los resultados no son buenos, sino buenísimos y muy satisfactorios. Así que una vez más, muchas gracias Amo, por ayudarme a crecer y sobre todo por seguir a mi lado.