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dimarts, 12 d’agost de 2014

DOLOR Y PLACER, PLACER DEL DOLOR

Es bien sabido, para los que estamos en este mundo, los que practicamos el bdsm y los que no, que el dolor lleva al placer y que el placer lleva al dolor.
Unos lo practicamos más intensamente y los otros más ocasional. Unos el dolor forma parte de nuestro placer y para los otros es un cachete ocasional.

Pero la verdad, sea como sea, lo practiques como lo practiques, es que somos capaces de transformar el dolor en placer. Somos capaces de disfrutar del placer del dolor, siempre y cuando sea controlado, seguro y consensuado. 

Hace unos días estaba tan tranquila sentada en el sillón de mi casa, mirando la tele, o mejor dicho viendo, porque últimamente no es que den muchas cosas interesantes. Cuando de repente sonó el móvil, en un primer momento pensé que era mi Amo deseándome buenas noches, pero me equivoque. Tenía ganas de jugar, y porque negarlo, yo también.
El mensaje decía: ve a buscar una pinza. Leer pinza ya me pone de los nervios, por si no lo recordáis, no somos muy buenas amigas, las pocas experiencias vividas con ellas son malas. Pero como todo, lo tengo que ir superando, hacer terapia de schock. Aunque no hace falta correr.

Como una buena sumisa, con cara de “pomes agres” que decimos en mi casa, fui a buscar la pinza. Alargue un poco más de lo debido la búsqueda, ¿por qué? Pues buena pregunta, porque no tiene sentido, ya podía tardar cinco segundos o cinco minutos que la sesión se llevaría a cabo. Una vez con la pinza en mano, solo tuve que seguir las instrucciones de mi Amo:
  1. Abre las piernas, abre tu sexo y llénalo de saliva y déjalo abierto para que sientas el frescor y tu clítoris descapuche plenamente.
  2. Cuando este expuesto, ponle una pinza y aguántala todo lo que te sea posible.
  3. Con la pinza puesta acaricia y masajea bien a fondo las tetas, para que baje tu atención al dolor.
  4. Seguirás así un rato corto y luego te penetraras con dos dedos hasta correrte con la pinza puesta.
Sin dudar, entregada a tope, empecé a seguir las instrucciones que mi Amo me había mandado. Por mi mente se cruzaban las palabras: dificultad, doloroso. Pero no las deje ganar, cerré los ojos, disfrute de la primera parte de la sesión y con ella me relaje. Cuando me releje y note que el clítoris estaba bien descapuchado, coloque la pinza. Muy despacio y con cuidado la deje presionando la zona. Pero ante de empezar a masajear las tetas, quise sentir. Darme cuenta de si la pinza apretaba mucho o no. Efectivamente apretaba y bastante, así que empecé a acariciarme los pechos. Masajear esta zona ayudaba, y mucho, a no sentir la presión de la pinza. El placer iba subiendo, al igual que la presión de la pinza. Cuando la excitación ya estaba al límite, pedí permiso a mi Amo para penetrarme. Penetraciones fuertes y profundas, aquello era una locura, no lo podría controlar más y…

Casi sin respiración, llego otro mensaje: Sin descanso, quítate la pinza y quiero una doble penetración.
Madre mía, al quitar la pinza dolía mucho más que con la pinza, pero este dolor se transformó en placer en cuanto hubo la doble penetración. Movimientos profundos e intensos. Movimientos al unisón, los orgasmos subían, pero no sabía cuál iba a explotar primero, solo sé que al final se mezclaron formando un orgasmo final de película. De aquellos que te dejan sin respiración, que cierras los ojos con una sonrisilla en la cara, recordando lo vivido, relajándote para acto seguido ser más consiente de la gran sesión vivida.

Una vez más, me demostraste que soy capaz de eso  y mucho más, hacía tiempo que no implicábamos las pinzas en nuestras sesiones o tareas, sé que poco a poco las tenemos que ir implicando más, pero, como siempre dices, en su debido tiempo.
Fue un momento único, fue una sesión explosiva, llena de dolor pero también de mucho placer. Una sesión en la cual el dolor fue el protagonista, ya que sin él, no hubiera sido capaz de entregarle a mi Amo, todo el placer que albergaba en el cuerpo. 

diumenge, 10 d’agost de 2014

MARCADA

Llegó el verano, si lo se hace un mes, aunque estoy segura que mucha gente se está quejando porque no hace el verano que les gustaría, aquel verano en el cual puedes ir a la playa, tomar el sol y dejar que este, bronce tu piel y deje las marcas del biquini.

Hay quienes les gusta lucir este tipo de marcas, mostrar a todo el mundo que esta bronceado, o mejor dicho, quemado. Se siente orgullosa y feliz por sus marcas blancas del sol, se siente feliz y más guapa. Otras preferimos lucir otro tipo de marcas, aquellas que ha dejado sobre tu piel, no el sol, sino una buena fusta, una buena pala o una buena mano. Son marcas que quedan escondidas bajo la ropa, pero nosotras sabemos que están. No son blancas, son de color, y no son del sol, son mucho más especiales, son marcas de dolor, de placer y de orgullo y satisfacción. Marcas que te recuerdan quien eres, que disfrutas mirándolas, acariciándolas. Marcas que te recuerdan la sesión vivida y todo lo sentido. Marcas que te hacen única y especial, no todo el mundo las puede lucir, al contrario que las marcas del sol, no eres la única chica que las lleva y las muestra. No eres única por llevarlas. Eres una más. O al menos, eso creo yo.
Así que yo, este verano he ido luciendo las marcas de mi Amo. Unas marcas bonitas dejadas por la pala, azotando fuerte y sin aflojar, el culo, que con orgullo te pertenece. Unas marcas realizadas por la pala que yo sostenía, pero aun así, eras tu quien me azotaba con fuerza. La sesión duro tres días, con un día de descanso, entre sesión y sesión.
La primera sesión fue la más intensa de todas. ¿Cuántos azotes recibí? Perdí la cuenta, lo que si se es que era intensos, intentando azotar la parte marcada, la primera sesión tocaba la parte de arriba, el objetivo era marcar toda la zona, para llevarla bien bonita durante unos días. Esta primera sesión, iba con la primera sesión de control del orgasmo, la realice antes de la última sesión con explosión final, y creo que fue esta tensión la que me hizo azotar con energía, sin traspasar la línea marcada por la pala, dando con fuerza a la zona deseada. Después, al mirarme al espejo no pude evitar sonreír y acariciar la zona. Sí fue doloroso, sí dolía, pero sentir mi mano fría sobre la zona caliente la relajaba y aumentaba el placer que había sentido.

Al cabo de un día, llegó la segunda sesión, ahora tocaba azotar la parte del medio. Realizar esta no fue tan fácil como la primera, aunque la zona había descansado un día, la sentía sensible, cada azote la sensación se multiplicaba por dos y tenía la sensación que esta vez no resistiría tanto como la primera. Pero hice de tripas corazón, cerré los ojos y te vi sosteniendo la pala. Te vi azotando con ganas, no con la intención de dañar, sino con la clara intensión de hacer del culo una parte aún más bonita. Y así, con esta idea, empezaste a azotar, uno tras otro, sin pausa, buscando, no solo el color de las marcas, sino también mi resistencia. Sacar las fuerzas no fue fácil, pero salieron y logramos el segundo objetivo de la tarea, dale color a la otra mida del culo.
Una vez más las mire, las acaricie y lloré. No eran lágrimas de dolor, eran lágrimas de felicidad, de orgullo y satisfacción. La zona estaba caliente, agradecía las caricias de mi mano fría. Sentarse era una bendición, ya que al cerrar los ojos por el intenso pinchazo que sentí al sentarme me traía hasta tu lado, hasta tus brazos y eso no se siente cada día.
Y llegó el último día, tuvimos que aplazar la sesión. No por falta de ganas, sino porque las marcas me dolían y mucho. Eran pequeños pinchazos, cualquier roce me hacían ver las estrellas. Necesitaba descansar un poco más y que el dolor se relajara, las cuide y las mime, con crema, con agua fría. Y cuando los pinchazos desaparecieron llegó la última sesión. Una sesión que volvió a dar color a las primeras marcas, una sesión que volvió a activar todas las terminaciones nerviosas que hay en aquella zona, una sesión que volvió a llevarme hasta ti, que volviera a sentirme orgullosa y andar presumiendo de las fantásticas marcas que llevaba debajo de la ropa, con contacto directo al pantalón o falda. Recordándome de quien soy, de lo que había vivido y deseando que aquellas marcas duraran al máximo posible. Porque aunque sean más bonitas que las marcas que deja el sol en nuestra piel, estas son menos duraderas. Unas marcas que cuide con especial cuidado, masajeando la zona con crema, masajeando con mirada orgullosa y de satisfacción.

 En definitiva, ser azotada y marcada me encanta, lo disfruto mucho y creo que eso hace que mi Amo lo disfrute aún más. No es negare que, siempre, el primer día al ver las marcas primero pienso ¡joder! Pero después, al mirarlas, este primer pensamiento cambia por un… ¡me gusta!  Que lastima que no duren para siempre en la piel, pero si que están siempre en mis recuerdos y pensamientos.