Últimamente estoy un poco ausente, pero durante unos días voy a a estar con mi Amo, así que os prometo traeros noticias frescas y nuevas, porque ya hay unas cuantas. Pero hasta entonces...
![]() |
| FELICES FIESTAS |
Y
De repente, cuando sigo un poco frustrada por desear
sentir tus manos encima del cuerpo que te pertenece y como si me hubieras leído
la mente, llega la frase: “En posición.
Bájate los pantalones, agárrate a este árbol, voy a azotarte.” Se me dibuja
una sonrisa de felicidad, una sonrisa picara, y se me escapa un suspiro de
alivio. ¿Lo habrá escuchado? No lo sé y no importa. Sin dudarlo me dirijo al
árbol, me bajo los pantalones y me pongo en posición. ¿Con que me azotara? Se
me pasa por la cabeza que puede que coja una rama de árbol, siento un poco de
miedo, es una sensación desconocida. Después pienso que lo hará con las manos,
o puede que con el cinturón. Estoy concentrada en estos pensamientos y no estoy
atenta con sus movimientos. Anhelo sus manos, anhelo su cinturón, lo anhelo
todo de él. Han entrado en acción los nervios, la falta de control, la
posibilidad que aparezca alguien. Pero aparto todas estas pequeñas dudas y me
concentro en mi labor.
Una vez más, me
demostraste que soy capaz de eso y mucho
más, hacía tiempo que no implicábamos las pinzas en nuestras sesiones o tareas,
sé que poco a poco las tenemos que ir implicando más, pero, como siempre dices,
en su debido tiempo.
Y
llegó el último día, tuvimos que aplazar la sesión. No por falta de ganas, sino
porque las marcas me dolían y mucho. Eran pequeños pinchazos, cualquier roce me
hacían ver las estrellas. Necesitaba descansar un poco más y que el dolor se
relajara, las cuide y las mime, con crema, con agua fría. Y cuando los
pinchazos desaparecieron llegó la última sesión. Una sesión que volvió a dar color
a las primeras marcas, una sesión que volvió a activar todas las terminaciones
nerviosas que hay en aquella zona, una sesión que volvió a llevarme hasta ti,
que volviera a sentirme orgullosa y andar presumiendo de las fantásticas marcas
que llevaba debajo de la ropa, con contacto directo al pantalón o falda.
Recordándome de quien soy, de lo que había vivido y deseando que aquellas
marcas duraran al máximo posible. Porque aunque sean más bonitas que las marcas
que deja el sol en nuestra piel, estas son menos duraderas. Unas marcas que
cuide con especial cuidado, masajeando la zona con crema, masajeando con mirada
orgullosa y de satisfacción.
Esta tercera semana, serian
dos días sin tocarme y el tercero con cuatro sesiones de caricias. La tónica
era la de siempre, pero esta vez solo dos veces durante al semana. Mi reacción
me sorprendió a mi misma, al leer el mensaje, no se cruzó ningún pensamiento
negativo, no maldije a nadie, solo acepte la orden y la tarea con orgullo y con
la seguridad que seria capaz de realizarlo sin ningún problema. Y así fue, una
semana con dos sesiones, pero dos sesiones muy intensas, llegando siempre al
limite, como las anteriores semanas, pero esta vez más, buscando hasta donde
soy capaz de resistir, sintiendo mi Amo más cerca, conmigo, a mi lado.
Mi respiración se va agitando, desde que me he tumbado no haces nada, no te
mueves, no sé donde estas, y esto hace que mi respiración se acelere y el
cuerpo empiece a reaccionar. De repente noto como te pones encima de la cama. ¡Dame un brazo!, sin rechistar te lo doy
y noto como lo atas con dureza pero sin apretar demasiado de la muñeca. ¡Dame el otro! Y le sigue el mismo
proceso. Las ataduras no son muy fuertes pero no me permite la movilidad, solo
puedo mover las piernas y eso me relaja. Hasta que… ¡abre las piernas!, ¡más! Esta vez dudo un poco, pero lo hago, solo
deseo que en mi cara no se haya notado el miedo, pero estoy segura de que no es
así. No pasa nada, me digo para mí misma, solo estoy expuesta a mi Amo.
Relájate Irma, no pasa nada. Hasta que empiezo a notar que también me atas de
las piernas. Involuntariamente los pies empiezan a temblar de nerviosismo, ese
estado en el que entro en el que a veces de no sé cómo salir. Ser atada es algo
que deseaba desde hacia tiempo, pero del todo… de repente la cuerda desaparece
y solo aparecen caricias suaves y tu voz suave: tranquila mi perrita, no te pasara nada, estoy aquí para protegerte, si
no estuviera seguro de que eres capaz de resistirlo no te ataría. ¿Confías en
mí? Si mi Amo, confío en ti. ![]() |
primero cerrar la cortina y
bajar un poco la persiana.
|